Sociología Obrera

miércoles, 30 de noviembre de 2005

Consideraciones a tener presente en la discusión del Plan de Desarrollo Estratégico de la UFRO.


El Plan de desarrollo estratégico (PDE) se ha vuelto una de las nuevas discusiones puestas en el tapete a través de la oficialidad, siendo esta instancia una nueva oportunidad del gobierno universitario para comenzar un proceso reconstructivo de la comunidad universitaria y la generación de un vínculo, hasta incluso, identitario de parte de los estamentos universitarios con la misma Universidad. Suena seductor, pero profundicemos.



Esto obedece además a un contexto nacional, sin él esto sería completamente inexplicable, en donde las políticas de gobierno apuntan a la evaluación de la docencia, a buscar indicadores de “medición” de calidad, a la creación de organismo como CNAP para dirigir los procesos de acreditación, la exigencia básica para proyectarse a escala internacional en el ámbito educativo (especialmente en la educación superior), etc.



Dentro de este marco, que principalmente se dirige a emprender la conceptualización de una Universidad de acorde a las necesidades del siglo XXI, en un mundo globalizado, demás está decirlo, sin descartar los principios de participación democrática, que tan bien son usados para el bien y para el mal, debemos sostener algunas consideraciones en el caso de la UFRO, las cuales gravitan directamente al ámbito del gobierno universitario y su discurso.



El gobierno universitario emprende este proceso de constitución de un PDE con dos intenciones que quedan demarcadas en el papel en las reuniones sostenidas con Eduardo González Director de DIGEPLAN, y que no deben ser rebuscados y cuestionados pues son manifestados con toda claridad:1. La construcción de una Universidad que identifique a la comunidad universitaria a través de un proceso democrático de participación, que legitime en cierta forma el mismo PDE, y borre de la faz de la tierra el anterior.2. La postulación a distintos fondos luego de la aprobación y redacción del PDE, ya que estos fondos exigen la realización de un PDE referido al primer punto.



En la consecución de estos objetivos, los estudiantes, somos parte vital, ya que con nuestra noble participación en estos procesos, participación interesada en hacer el bien a esta universidad, legitimamos la conformación del PDE, y a la vez damos pie a que los mecanismos a través de los cuales el mismo PDE es evaluado en términos metodológicos de formulación sean aprobados. Por esto ¿no estaremos siendo instrumentos más que participantes?



Dándonos cuenta de este primer problema debemos instalar una nueva concepción al análisis, ya que la discusión del PDE la realizaríamos de tú a tú, dando vuelta la conformación de esquemas que se plantean estos investigadores formales que pretenden recabar información, para no solventar diálogos que den mayor consistencia a la misma investigación. Es aquí donde la voluntad y la lengua política debe comenzar a hablar, ya que sino terminaremos siendo encuestados, sin que se nos garantice la real participación directa en la conformación final del PDE. Esto nos conduce a una ingrata pregunta: ¿cómo pretende el gobierno universitario que confiemos que nuestras apreciaciones acerca de la UFRO y de su respectivo PDE serán tomadas en cuenta e incidirán en los resultados finales si toda la estructura de la Universidad no da participación política real en la toma de decisiones a los estudiantes?



Por ello podemos hacer una distinción entre el objetivo político (democratizar) y el económico (financiamiento a través del acceso a fondos concursables), pero no podemos ser tan ciegos para no darnos cuenta que el objetivo político es instrumentalizado por el poder económico que se esconde tras las bambalinas del financiamiento de la Universidad. A lo que quiero llegar es que la “democratización” en realidad no es el fin del gobierno universitario, sino que es el medio para obtener dividendos y poder sostener la universidad de la frontera en condiciones económicas aceptables dada el retroceso que se ha generado del estado en materia de financiamiento directo. No podemos culpar de ello al gobierno universitario ¿o sí?



Lo que sostengo primordialmente es que para involucrarnos en la conversación y diálogo acerca de la realización y características que el mismo PDE debiese contemplar, debemos, como estudiantes, radicalizar el primer objetivo ¿Por qué? Porque la democratización debiese ser uno de los objetivos directos de trabajo en que el estudiantado debe movilizarse y luchar como forma de recuperación de cuotas de poder perdidas y dejadas al servicio de los intereses de la institucionalidad, y de los poderes políticos burgueses.



El gobierno universitario pudo presentar esta discusión, el sostener la democratización como punto principal de la conformación del PDE, pero ¿qué implicaría el trabajar por un objetivo directo de democratización en la UFRO? Reformular los estatutos de la Universidad, reformular la LOCE, generar cambios en la estructura organizacional de la institucionalidad y del poder político en la Universidad, etc. por ello, es que los estudiantes tienen esta labor al enfrenta la discusión del PDE: la de instalar la discusión acerca de la democratización de la Universidad y la conformación de nuevos estatutos que incluyan a los estudiantes, funcionarios y académicos en la toma de decisiones y en las cuotas de poder.



De esta forma sólo podemos exigir la reprogramación y discusión abierta de los objetivos del PDE, con representantes de DIGEPLAN, más representantes directos del gobierno universitario, llamando a instalar la realización del PDE como parte de un proceso que culmina con un congreso y la reformulación de los estatutos de la Universidad.



Esta iniciativa no sería para nada alocada, ya que sabemos que existe una propuesta de ley para la reformulación de estatutos en las universidades del Consejo de Rectores y que el próximo año se llevará su tramitación al Congreso. Así que sería una forma complementaria de llevar acabo un proceso paralelo pensando en la contingencia nacional y aprovechando al máximo los vientos de democracia que corren en nuestras aulas. Lo importante es dejar sentado que la discusión de la Universidad que queremos se libra en dos lenguas: la académica y la política, y los estudiantes debemos saber hablar ambos idiomas, ya que sino el gobierno burgués no se molestará en dejarnos marcando ocupado o con el diccionario en la mano.

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